
Letizia inaugura la Feria del Libro en un Madrid revolucionado por el Papa y Bad Bunny
Madrid se prepara estos días para enfrentarse a unos movimientos de masas que resultan muy difíciles de clasificar. Por un lado, el Papa León XIV aterrizará en la capital el sábado de la próxima semana. Por otro, el fenómeno global Bad Bunny encadenará nada menos que diez conciertos consecutivos en el estadio Metropolitano. Y en medio de todo este bullicio, sorteando futuros cortes de tráfico, atascos interminables y precios de hoteles por las nubes, la Feria del Libro de Madrid se aferra a una tradición incombustible: intentar que la gente siga acudiendo a comprar novelas al parque del Retiro.
Eva Orúe, directora de la Feria, es plenamente consciente del desafío y ha lanzado un mensaje claro: “Os va a costar un poquito más llegar, pero tenéis que venir”. En esta 85º edición, el evento literario no solo competirá contra la comodidad del sofá, las pantallas o el inclemente calor, sino directamente contra la agenda del mismísimo Pontífice y de Benito Antonio Martínez Ocasio. Y es que, en el fondo, hay algo profundamente madrileño en el hecho de que una Feria del Libro tenga que planificar su supervivencia logística entre la festividad del Corpus Christi y un macroconcierto de reguetón.
Un paseo real entre libros y calor prematuro
A las once de la mañana, un Retiro convertido en un crisol de excursiones escolares, jubilados paseando, corredores matutinos y un enorme operativo de seguridad, recibió a la reina Letizia para inaugurar oficialmente esta edición, que este año rinde homenaje al humor y a la sátira. Acompañando la calurosa mañana que anticipa el verano, la Reina recuperó un aplaudido vestido tie-dye azul y blanco sin mangas de la firma Adolfo Domínguez.
El ambiente matinal en la Feria era tan ecléctico que uno podía encontrarse comprando una edición de Poeta en Nueva York con los textos originales que Lorca entregó a José Bergamín en 1936, explorando fanzines autoeditados en la caseta de Indómitas, o simplemente escuchando comentarios informales sobre los tonificados brazos de la monarca.
El recorrido institucional se prolongó durante más de una hora y media. Aunque la comitiva avanzaba a buen ritmo y el protocolo de Zarzuela tenía cada paso medido al milímetro, Letizia rompió el guion en varias ocasiones. Al ver las caras de decepción de algunos libreros que quedaban fuera del trayecto oficial, la Reina no dudó en volver sobre sus pasos para regalarles un saludo rápido o una breve disculpa. Entre una multitud ávida de «selfies», destacaron anécdotas como la de Cristina, una señora mayor que discutía con la seguridad argumentando su derecho a saludar a la Reina, algo que lleva haciendo desde que Letizia era Princesa de Asturias, viajando expresamente desde Valencia. Además, aprovechó para agradecerle su apoyo a la Comunidad Valenciana tras la reciente dana. A su lado, Aurora lo resumió de forma mucho más rotunda al intentar saltarse el cordón policial: «Soy monárquica hasta las trancas».
Espacio para las protestas y consejos a los más jóvenes
Pero no todo fueron sonrisas y aplausos. La inauguración también dejó espacio para la reivindicación política y social. Un grupo de trabajadoras de escuelas infantiles recibió a la comitiva con consignas como «Educamos, no guardamos» o «Es educación, no conciliación», exigiendo una bajada de ratios en las aulas de 0 a 3 años y mejoras en sus condiciones salariales. Minutos después, lograron acercarse a la Reina para trasladarle sus demandas en persona.
Durante la jornada, Letizia prestó especial atención a los niños, aprovechando que el parque estaba repleto de colegios en excursiones de fin de curso. Ante la lluvia de manos levantadas, un atrevido estudiante le preguntó: «¿De qué equipo es?», a lo que ella contestó con una sonrisa: «De España». Más tarde, en el pabellón infantil —donde alumnos del colegio Nuestra Señora de La Almudena participaban en un taller y grababan un programa de radio—, otro pequeño le pidió un consejo para ser un buen periodista en el futuro.
«Leer mucho, el mejor consejo es leer mucho. Cuanto más lees, más información tienes, más conocimientos tienes, mejor te vas a expresar, más vas a comprender todo lo que sucede a nuestro alrededor y comprender también a una misma», aconsejó la Reina. Acto seguido, remató con una frase lapidaria: «¿Hay algo mejor que la radio y los libros? Para mí, no».
Normalidad institucional y un Madrid al límite
En el paseo estuvieron presentes diversas autoridades, como el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. También acudió Núria Marín, delegada de la Generalitat de Catalunya, institución que se estrena este año con presencia oficial a través de la caseta de Blanquerna. Marín agradeció la buena acogida de la organización y destacó el deseo de mantener una «presencia normalizada» asistiendo a los debates relevantes para la ciudadanía, como muestra de la reconexión institucional.
En lo estrictamente literario, Letizia hizo una parada en el estand de Libros del Asteroide para comentar la novela Comerás flores de Lucía Solla Sobral, la cual califica de «necesaria» por su forma de abordar las dinámicas de poder en la pareja. Asimismo, conversó con Pep Olona, coordinador de Indómitas, el refugio de las editoriales independientes.
La mañana concluyó con una advertencia seria por parte del alcalde Martínez-Almeida. Reiterando la preocupación que ronda la ciudad, el edil avisó que Madrid está a punto de convertirse en un embudo humano. Para paliar el caos, se anunciaron refuerzos en Metro y en los autobuses de la EMT, con especial foco entre el 6 y el 9 de junio, fechas en las que el Ayuntamiento prevé la concentración de hasta un millón y medio de personas en el eje Alcalá-Cibeles-Recoletos, a solo unos pasos de los libros que habitan en el Retiro.